Confidencias de un hombre
Para una relación sexual ideal se necesita una maestra en el arte. Puedo aprender de ella las destrezas para seducirla y satisfacerla.
La historia que sigue se inspira en una entrevista con un hombre.
Sus pensamientos, creencias, emociones y habilidades son únicas, lo mismo que las de ella. Por lo tanto, esto no se plantea como un modelo a seguir sino como una experiencia.
Transcribo:
Tejiendo la red
Ella me atrae.
Es una atracción como la que ejerce el sol sobre este planeta.
Quiero llevarla al éxtasis y compartir esta energía tan intensa. Me la quiero comer entera.
Yo estoy listo, pero la conozco y sé que ella quiere poner en orden las cosas de su vida para luego dejarlas de lado.
La miro directo a los ojos. Penetro intensamente por ellos hasta su alma y le envío un abrazo de aprobación. Ella sonríe y me habla.
La escucho y veo cómo acomoda su energía. Mientras lo hace, acaricio su pelo y sus manos. Hace la ronda completa de sus preocupaciones y finalmente la siento en paz.
Bromeo con ella. Empiezo un juego en el que busco todas las maneras posibles en que pueda atraparla. Ella reacciona y me responde. Las carcajadas brotan.
Ella es lista y a ratos me pone en jaque, pero lo que no gano lo enredo y cada vez el juego es más divertido.
La aproximación
La beso con suavidad, veo que cierra los ojos y me alejo. Hablo de un tema serio y noto que frunce el ceño preguntándose qué me pasó. Sé que este juego le fascina.
Pongo música y le ofrezco un jugo de maracuyá. Abro un libro y le muestro unas fotografías bellísimas. Cuando noto que regresa a la que más le gustó, me acerco a su cuello y en vez de besarla sólo la huelo por largo rato.
Ella me acaricia sensualmente con su mano y bromeo de nuevo.
La miro directo a los ojos hasta que me quita la mirada. La beso de nuevo y se involucra. Ya quiere que la bese de verdad... con todo el cuerpo.
Entonces en lugar de besarla acaricio sus brazos y cabello. La saco a bailar merengue y la aprieto contra mí.
La alejo para mirarla a los ojos. Ella espera un beso pero yo la suelto y la hago girar desafiando su flexibilidad. Se ríe y me tiende sus brazos.
Está lista – para seguir con el juego
Nos besamos con todo el cuerpo.
Le pido que se acueste boca abajo en la alfombra y masajeo sus pies. Subo con mis caricias por sus piernas, su trasero y su espalda, estimulando su sensibilidad sin permitirle relajarse más de la cuenta para que no se duerma.
Beso su cuello, la nuca y muerdo suavemente su espalda. Ella respira hondo.
Le quito la blusa con suavidad y recorro sus brazos, hombros y espalda con mis manos, tocando solamente los vellos de su piel. Lentamente, tomándome el tiempo.
Ella se vuelve y me desabotona la camisa con una sonrisa pícara. Aprovecho para recorrer sus hombros y brazos por delante. Le acaricio el abdomen y el ombligo sin tocar sus pechos... aunque quiera.
Un abrazo semidesnudo... la respiración y el pulso aumentan.
Miro profundamente dentro de sus ojos. Toco su alma y la dulzura nos invade.
Se inicia la conexión profunda
Los besos se alternan entre suaves y fuertes, incluyendo pequeños mordiscos.
Me fascina que ella me muerda los labios. Cuando succiona mi labio inferior por largo rato, siento que me quiere comer.
Quiero ir despacio, disfrutar la aventura más que llegar al destino.
Le quito la falda y acaricio suavemente sus piernas. Cuando llego al pliegue detrás de sus rodillas observo que sus pezones están endurecidos y erectos.
Está lista para la conexión profunda.
Me abraza y la aprieto. Mi fuerza la excita después de haber pasado por las caricias suaves.
Ahora aprieto con deseo ardiente sus nalgas y cintura.
Explota la energía creativa
Desnudos, la beso con todo el cuerpo
Circulo alrededor de sus pechos, con pequeños mordiscos y acariciándola con mis labios. Me empuja hacia sus pezones y me resisto. Ella misma me enseñó que alargar el juego unos instantes más la vuelve loca.
Mientras me deleito con sus pezones espigados, toco sus labios genitales y noto que están húmedos y calientes. Saboreo cada segundo y me deleito con su rica suavidad.
Acaricio alrededor de su clítoris y su respiración se acelera. Me dirige con su mano para indicarme cómo debo presionar y cuándo debo mover mis dedos con rapidez.
Explota en deleite y suspira.
Llevando mis brazos a un abrazo, se toma un pequeño descanso para conectar su fuerza interior.
Ella asume el mando
Se conecta rápidamente, me da vuelta y se me lanza encima. De espaldas, permito que ella asuma la iniciativa.
Por ahora me entrego y la sigo. Me encanta que sea quien domine. Siento su fuerza interior, su energía - apasionada y resuelta.
Me fascina verla fuerte y dominante. La incito a que tome posesión de mi cuerpo y mi alma.
Abre sus labios genitales y se acuclilla sobre mí. Sus movimientos de cadera me resultan fascinantes aún sin penetrarla. Frota mi pene con su vulva húmeda y caliente y esto me trastorna.
Ella es quien sabe cómo moverse para estimular su clítoris con el juego de los huesos púbicos. Mientras tanto, tan solo mirar sus pechos balanceándose me provoca un deleite inigualable. Los acaricio como si fueran comida para un hambriento y me relajo para no venirme.
Dos, tres y cuatro orgasmos se suceden con una facilidad asombrosa acompañados de gemidos provocadores. Me encanta verla disfrutando tanto.
Buscando un descanso, se me acuesta encima con un abrazo amoroso.
Siento sus pulsaciones aún aceleradas.
¡Cuánto la aprecio!
Me despierta un gran amor por su ser total.
La espero aún saboreando la delicia de su fuerza interior.
Ella es quien marca el ritmo
Me mira con picardía y frota su cuerpo contra el mío. No tuve que explicarle que eso me trastorna.
Sentir su pecho recorriendo el mío es un placer casi excesivo. Me provoca furor y justo antes de que logre incorporarme para tomar la iniciativa, se adelanta y se penetra.
Se acuclilla y siento cómo de nuevo se vale de mi hueso púbico para frotar su clítoris.
La penetración me arrebata la conciencia. Me he ganado este premio.
Ella me mira, pero es una mirada perdida.
Es su tiempo de éxtasis furioso.
Inmovilizo mis caderas. Aunque la acompaño y fluyo deliciosamente, me relajo para atrasar la eyaculación mientras siento un orgasmo – una energía de puro deleite que recorre todo mi cuerpo.
Mmm, ¡qué mujer!
Luego de otra sucesión de cúspides exquisitas se tira de espaldas a mi lado.
Alternando el liderazgo
Ella es considerada y guarda un poco de energía para mi turno.
Su abrazo es suave y entregado. Ahora ella se pliega y acepta que yo sea quien la dirige.
Su dulzura y suavidad despiertan mi energía.
Me hace sentir mi fuerza de hombre, mi deseo de dominarla, de poseerla.
Este es nuestro juego.
La posición del misionero nunca está de más. Abraza mis caderas con sus piernas para exponerse al masaje de mi hueso púbico.
Puesto que ya he tenido un par de orgasmos, puedo sostenerme un rato más sin eyacular.
Su orgasmo ahora es suave y su abrazo tierno. Me vuelve loco la sensación de que se cuelga de mí y espera que la lleve a las alturas sin despegarse.
Me entrega su cuerpo para que yo haga lo que quiera. Ella sabe que sentirla mía es muy provocador.
Recorro sus pechos deliciosos antes de voltearla de medio lado quedando detrás suyo. Penetro de nuevo, atrapándola entre mis brazos y mostrándole mi fuerza imparable.
Gira sus caderas el tanto necesario para que le llegue al punto G. Me guía indicándome la dirección y profundidad de penetración exacta.
Sus gemidos y suspiros me trastornan. Lo que quiero es entrar hasta su esencia y recorrerla toda por dentro.
La gloriosa cúspide
Sin salirme, la vuelco boca abajo.
Muerdo delicada pero insistentemente su espalda y le majo con fuerza las nalgas.
Ella se levanta sobre sus codos para darme acceso a sus pechos. Sabe que estoy llegando al punto de no retorno y me acompaña ardientemente.
Con mis pies atrapo los suyos. Pego mi pecho totalmente a su espalda. Aprisiono sus pechos y la empujo con fuerza.
Sus gemidos me indican que estamos llegando a tiempo los dos. Me dice que ya, que me vaya dentro de ella, que la inunde con mi energía.
La explosión cósmica
El mundo se detiene. Se va la luz y todo parece suceder ahora en cámara lenta.
El arrebato total en la cúspide.
Riego mi energía en todo su interior.
La siento a ella toda. Estoy en cada parte de su cuerpo, en cada rincón de su ser.
Siento su presencia integral - y la mía también. Nuestros seres totales unidos en un abrazo inmortal.
La energía fluye furiosa y sólo puedo recorrer su espalda a besos. Ella me tiende sus manos y las tomo con la mayor dulzura de la que soy capaz.
Cerrando el círculo
Permanecemos sin movernos como para eternizar el momento.
La amo y me ama.
Permitimos que esta energía tan intensa se eleve y alcance un nivel de conciencia cósmico.
Nos fundimos en un solo ser.
Somos un@ con el todo.
Vibramos en paz y deleite total en armonía con la energía universal.
Permanecemos juntos.
Nos sumimos en el vacío.
Sólo permitimos que suceda. Sólo somos testigos de la grandeza de la vida humana.
El tiempo está detenido...
...y la energía sigue fluyendo.
Muy lentamente vamos regresando a la tierra.
Poco a poco nos desatamos y compartimos un beso triunfal.
Regresa su sonrisa y se me ilumina la vida.
La amo.
La amo porque me nace y porque ella me ha enseñado a amarla más.
En su mirada veo su amor también.
Un regreso victorioso a la vida cotidiana.
Habiendo consumido toda la energía sexual, sentimos que más que gastarla la hemos transformado en amor.
Te amo mujer divina.
Adoro tu ser total.
SY de Costa Rica
Historias como esta me hacen sentir que esta vida vale la pena vivirla mil veces.
Por una sexualidad con alma,
Ronald Esquivel Instructor de Balance Integral

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