Analogía sobre cómo mejorar mi autoestima

Quiero mejorar mi autoestima. Quiero sentirme muy bien conmigo mism@, quiero saber que tengo valor como persona, que merezco las cosas buenas.

  • “siento que no tengo suficiente valor”
  • “no me acepto como soy”
  • “me juzgo constantemente”

¿Puede haber un sentimiento peor?

Empiezo por comprender...

En palabras comunes, autoestima es lo que siento acerca mi mism@ como persona. Y eso que siento puede coincidir con lo que pienso sobre mí mism@ o no. Veamos...

“Si yo pienso que tengo valor como ser humano, ¿tengo autoestima alta?”

No necesariamente. Es más profundo y hay que verificar la emoción.

La apreciación de mí mism@ es un sentimiento que puede crecer dentro de mí. Sí, pero desde un lugar más profundo. No es solamente entendiendo la cosa o ejercitando algún músculo determinado.

En realidad...

La autoestima es una consecuencia

El sentimiento de mi valor no puede aparecer sino hasta que yo deje ir una tonelada de creencias que cargo conmigo. Creencias tales como: “yo no sirvo para eso” o “nadie me quiere” o “he fracasado en todo”.

Estas creencias me disminuyen, me invalidan, me empequeñecen y muchas veces ni siquiera las oigo.

Puedo estar conciente de algunas de estas creencias. Otras pueden estar por allí ocultas, esperando su oportunidad para salir y hacerme la vida difícil.

“Entonces, las enfrentaré hasta darles muerte”.

No. Tendré menos posibilidades por ese lado.

Por allí tengo todas las de perder. No lograré triunfar luchando en contra de esas creencias. Batallar en contra de ellas solamente las hará más grandes. Es como querer apagar el fuego echándole más leña.

Luchar en contra de ellas me va a llevar a un estado de negatividad, de ver tanta cosa que me hace sentir mal, de revolcarme en el polvo por una batalla perdida.

No. Ni ese es mi camino, ni tengo tiempo que perder.

En vez de enfrascarme en un combate por matar hasta el último de “todos esos bichos en esta poza”, prefiero irme a la fuente y abrir la compuerta para que se venga un poderoso torrente de agua fresca y lave todo ese barrial.

Una analogía simplista, si, pero describe el camino más poderoso para llegar al punto que quiero llegar.

En vez de gastar tiempo precioso mortificándome en “arreglar cosas”, mi camino es soltarle las amarras a mi potencial interior y dejarlo correr.

“¡Que rico se siente eso...!”

Mi camino es ir a la fuente y dirigir todo ese flujo extraordinario de energía hacia mí. Pongo mi atención en la fuente y no en los bichos o en el barreal.

“¿Qué? ¿Qué no le preste atención a estos sentimientos que me invalidan? ¿Qué los ignore y ponga mi atención en otro lado? ¿Qué clase de consejo es ese? Son bichos reales, aquí están, aquí me pican, aquí me duele ¿es que no puede ver?”

Mientras más me revuelque en esa poza, más me llenaré de barro y más bichos me picarán.

¡Me salgo de ahí ya! Me voy a la fuente pues solo allí encontraré el chorro de agua fresca que puede limpiar toda esta necedad.

Mi camino hacia una alta autoestima

Dirijo mi atención a la fuente, a la esencia de quien verdaderamente soy.

“No estoy muy convencid@, pero ¿cómo llego a esa tal fuente?”

Puedo recordar de mi historia personal momentos en que me he sentido bien, en que he logrado algo, o he tomado una decisión con valentía.

Puedo recordar algún tiempo en que sentí gran estima por alguien o algo, algún momento especial que me hizo sentir valios@.

Puedo también ver la confianza que algunas personas tienen en sí mismas. Puedo casi saborear ese chorro de energía que pareciera circular en su interior.

“Mmm, me gusta eso.”

Recuerdo también momentos en que me sentí libre, con fuerza, con la determinación de hacer lo que yo había elegido.

“¡Que rico se siente eso!”

La clave está en conectar con “lo mejor de mí”

Así es. Es buscar por donde sea, motivos para vibrar bien. Cualquier cosa que me haga sentir bien. Repito: cualquier cosa que me haga - sentir - bien.

Bueno, que me haga sentir bien ahora. No me interesa ir al pasado y quedarme patinando entre viejos recuerdos. Ni me interesa ver algo bueno en otra persona y lamentarme de mi baja autoestima.

Se trata de apreciar y sentir lo bueno, tanto de mi pasado, como de otras personas – y sentirme bien ahora. Y todavía mejor si me puedo imaginar situaciones en las que yo actúo con gran confianza.

Al principio, puedo sentir tan solo un chorrito de esa energía. Pero eso es solo una señal del torrente que está por venir.

Mientras más suelte los viejos patrones de pensamiento y ponga mi atención en “lo mejor de mí”, más fácilmente irá fluyendo mi propia energía y arrastrando fuera de mi vida esos bichos y cualquier bloqueo que impida mi bienestar.

Y ese chorro crecerá...

“Mmm, me siento mejor. En verdad hay algo que se mueve dentro de mí, cuando dirijo mi atención hacia las cosas que quiero. Me hace sentir bien, me gusta.”

“Me agradezco a mí mism@ el permitirme que esto me suceda. Me siento mejor conmigo mism@.”

Aquí es donde empata toda la historia de ¿qué es la autoestima?

Cuando esta energía interior empieza a manifestarse, mi autoestima empieza a crecer.

Y no solo mi autoestima. Empiezo a sentir mi fuerza interior, siento libertad y siento alegría. Sé también que detrás vienen muchas otras cosas buenas.

Por lo tanto, mi meta no es mejorar mi autoestima como quien ejercita un músculo específico.

Mi autoestima, mi crecimiento personal y mi sentido de éxito son solamente algunas de las consecuencias de conectar con mi esencia, de acercarme más y más a esa parte interna mía que llamo “lo mejor de mí”.

“Sí. Ya voy entendiendo – digo – ya voy sintiendo.”


Si busco una verdadera libertad, exploro la siguiente página:

Autoestima y libertad

Por una vida con alta autoestima,

Ronald Esquivel
Instructor de Balance Integral

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