Ley del Control - Día 2

En la entrega pasada de la Ley del Control, discutíamos sobre el asunto de mis voces interiores y de las creencias que cada voz defendía.

Y de cómo menos de una de cada cien personas, en realidad sabe ubicar en su lugar a esas voces. Voces que hoy creo que son mi “voz interior”.

Más adentro está la voz de mi verdadera esencia, y la reconozco por la emoción que genera

“De nuevo, esto me suena conocido. Bueno, excepto tal vez por eso de ¿cómo la reconozco?”

Muy profundo, y en silencio respetuoso, está la voz de mi verdadera esencia, que se diferencia de las voces de todas aquellas autoridades que he permitido que controlen mi vida.

La voz de mi esencia la reconozco porque me hace sentir que tengo valor, me hace sentir fuerte y se siente muy bien – se siente rico.

Grabo esta información, pues es la esencia de la Ley del Control.

Todos hemos tenido pensamientos que nos hacen sentir muy bien, tales como: “¡qué bien que lo hice!” o “me alegra que esa persona exista”. Al pensarlo, me nace una emoción que se siente bien.

Por otro lado, también hemos pensado cosas como: “yo no sirvo para eso” o “¡qué mal que lo hice!” De inmediato siento una emoción horrorosa.

Esa emoción es un mensaje desde mi esencia. Esto está deliciosamente explicado en la página Emociones

Si acepto y activo la voz de mi esencia, siento que me adueño de mí mism@, que de inmediato tomo mayor control sobre mi vida.

Se siente la energía que generan estos pensamientos, ¿verdad?

Ya estamos en un nivel más profundo de la Ley del Control.

¿Puedo recordar algún momento en que seguí la voz de mi esencia, aunque lo que “debiera hacer” fuera diferente?

De seguro que sí. En algún momento de coraje, solté una relación o me rebelé contra algo. Al hacerlo, me sentí bien, con fuerza, en control de mi vida.

Si permito que mis condiciones actuales de vida determinen cómo me siento, nunca voy a asumir el control de mi vida

Si me duele o me molesta algo que ha sucedido, estoy permitiendo que eso controle mi vida. Estoy aceptando que “el destino” o las acciones de otras personas determinen cómo me siento.

¡Qué cosa más fea sentir que “el destino” controla mi vida!

“Eso lo acepto. Pero hay cosas que los demás hacen que simplemente me sacan de balance”

¡Exacto!

En otras palabras, determinan cómo me siento.

En otras palabras, permito que los demás controlen mi vida.

“No, no es eso. ¿Es que cómo voy a negar lo que siento? Sería absurdo que pretenda que nada ha pasado.”

Por donde quiera que lo vea, al permitir que yo me sienta mal por lo que otros hacen, les doy el control de mi vida.

De acuerdo a la Ley del Control, ante cualquier cosa que suceda en mi vida, yo tengo la libertad de elegir qué pensar y qué sentir al respecto.

Estando enfermo puedo sentirme deprimido o con esperanza.

Pasando por una mala situación puedo sentirme derrotado o con determinación de surgir.

Es mi elección cómo quiero sentirme al respecto.

“Bueno, eso sí parece tener sentido.”

Cuando sucede algo que no me gusta, automáticamente reacciono y lo condeno. De seguido, me siento enojad@, triste, con miedo o lo que fuera.

Sabiendo lo que ahora sé, en ese momento puedo detener la reacción inmediata y preguntarme:

¿Puedo pensar en esto mismo de alguna manera que me construya en vez de destruirme?

Por respeto a mí mism@...

Detengo las reacciones automáticas ante las cosas que me “suceden” y reformulo mis pensamientos.

Este tema de la Ley del Control está bien desarrollado en la página de Emociones. Ya estuve allí ¿verdad?

Un día un amigo estaba quejándose de su matrimonio. Quería separarse porque no soportaba a sus hijastros. Era un círculo vicioso de desaprobación mutua.

Le pedí que elevara su punto de vista a un nivel más amplio.

Me respondió que ya lo había probado todo, que era inútil seguirlo intentando.

Entonces le hablé de esas figurillas metálicas, que se unen como rompecabezas. Para lograr separarlas gentilmente, no se pueden utilizar los procesos de pensamiento comunes. Llegamos a la conclusión de que hay que pensar de una manera diferente a la normal para resolverlo.

Es el mismo cuento famoso de que hay que sacar al pez del agua para que vea la realidad desde otra perspectiva.

En ese momento él comprendió la relación entre ambas historias. No podría resolver su problema, pensando de la misma manera como lo ha venido haciendo.

Le pregunté: Si te atrevieras a soñar, ¿cómo quisieras que fuera la relación con tus hijastros?

Empezó a hablar sobre tolerancia, y se movió un poco hacia armonía y aceptación.

¿Se sienten mejor esos pensamientos?

“Sí claro, pero eso no es alcanzable, no lo veo posible”

Bien, pero según la Ley del Control diste un paso hacia delante y dos hacia atrás. Piensa por ejemplo:

Si tan solo yo pudiera hacerlos sentirse aceptados y reconocerles su valor, ¿cambiaría eso su disposición hacia ti?

¿No sería fabuloso si tú pudieras vivir tu vida de una manera tan radiante, que ellos se sintieran intrigados por esa energía tan especial? Posiblemente querrían saborear un poco de eso tan bueno que verían en ti.

Unos cuantos de estos pensamientos constructivos fueron suficientes para que mi amigo se entusiasmara en ponerlos en práctica.

Bien, llegamos al final de esta segunda entrega de la Ley del Control.

Antes de pasar a la tercera entrega, te pido un favor. Quiero saber si tienes algún comentario sobre este curso o el sitio en general.

Te voy a agradecer que vayas a la página de Comentarios y me dejes tu opinión sobre estos pensamientos sobre la Ley del Control.

En verdad me van a resultar muy provechosos tus comentarios.

Y si lo que me vas a dar son críticas constructivas, mejor aún.

Puedo pasar ahora a la tercera entrega de la Ley del Control.

Te deseo lo mejor,

Ronald Esquivel
Instructor de Balance Integral