Ley del Control - Día 4

En la entrega pasada de la Ley del Control resolví liberarme y liberar a todo el mundo a mi alrededor de lo que “sucede” en mi vida.

Al asumir paulatinamente la responsabilidad de mi vida, se desata mi fuerza interna y tomo control de mi vida.

Hoy subo otro peldaño...

Si en mi mente permito pensamientos que son instrucciones de otras personas, pierdo el control

En un principio creí que todos mis pensamientos eran mis pensamientos.

Luego comprendí que muchos de los pensamientos que “pasaban” por mi mente provenían de afuera.

Algunos de esos pensamientos provenían de mi niñez. Otros de amigos o de personas que influyeron en mi vida.

Comprendí que no eran mis pensamientos sino hasta que los hice atravesar por mi filtro esencial. Este filtro consiste en sentir si en verdad, desde mi pura esencia, vibro en armonía con esos pensamientos o no.

Después de eso, sí son mis pensamientos

He logrado ya avances importantes con ese procedimiento de la Ley del Control.

Ahora, viene una parte espesa.

A lo largo de mi vida he aceptado como ciertos los pensamientos que venían de autoridades académicas, políticas o religiosas. Estas fueron personas de influencia y posiblemente muy bien intencionadas.

En muchos casos (más de los que parecieran a simple vista), lo que hice fue aceptar sus pensamientos como verdad.

Hoy me propongo saber cuáles son mis pensamientos respecto a lo que dijeron esas autoridades.

Tengo todo el derecho de elegir si los acepto tal como fueron comunicados, si los rechazo o los reformulo.

En la medida que yo me permita vivir este proceso, asumo el control de mi vida.

Por otro lado, y esto es muy significativo...

¿Asumo como mis pensamientos lo que veo en los noticieros u otros programas de la televisión?

“Mi respuesta inmediata y tajante es: ¡NO!”

“Yo veo esos programas y está claro que es algo externo a mí. No soy tan influenciable como para tragarme todo eso a modo de verdad absoluta.”

Bueno, me calmo y respiro profundamente tres veces.

Aquel ¡NO! inmediato fue una respuesta automática y defensiva.

Ahora reviso cómo se comporta mi parte emocional ante las noticias de TV.

Al ver la noticia sobre esa enfermedad terrible cada día más frecuente y de la cual nadie pareciera estar a salvo, ¿qué siento?

“Preocupación, amenaza.”

Continúan dando estadísticas y explicando los síntomas. Al comprender que puedo estar dentro del grupo de peligro, ¿qué siento?

“Miedo, pánico, me siento fatal.”

No es necesario insistir más.

El solo hecho de que sienta esas emociones me comprueba que estoy escuchando la información con atención y la puedo estar haciendo mía.

Sabré que permitido que ese pensamiento ajeno controle mi vida al descubrirme, durante los días siguientes, revisando si tengo alguno de los síntomas de la enfermedad, o sintiendo inseguridad y miedo al respecto.

Ese tipo de pensamientos nunca proviene de mi esencia. La escasez, la enfermedad y las actitudes destructivas no vienen de lo más profundo de mi ser.

Mi esencia, mi alma, lo mejor de mí, es pura energía positiva. Por definición lo que proviene de mi esencia es sólo bienestar, paz, alegría, optimismo y esperanza.

¡Quiero controlar mi vida desde mi esencia!

Todo lo demás es aprendido y absorbido de la sociedad durante mi crecimiento y constituye mi personalidad – mi condición de persona.

Ese es un capítulo aparte de la Ley del Control, desarrollado ampliamente más adelante.

Con las novelas es peor. Relaciono los personajes con gente a mi alrededor y les asigno esas cualidades. Puedo llegar a repetir patrones emocionales que vi y relacionar la novela con mi vida a extremos de determinar mi realidad.

En fin, el punto aquí es que pareciera que sin mayor filtro, algunas o muchas veces hago míos los pensamientos o actitudes que observo en la TV o en otras personas.

Ahora, no siempre absorbo la información ajena, pero sucede con más frecuencia de lo que creo.

Tal vez soy una persona con criterio propio y estos ejemplos no me calzan, pero ¿estaré exent@ del todo?

Por respeto a mí mism@, me pregunto:

¿Qué pienso y siento yo respecto a todo lo que hasta ahora creí que era “verdad”, “lo que se debe hacer” y “lo que se debe pensar”?

Resistirme a esto solo va a distanciarme más del control de mi vida.

Lo importante es que busque todas las vetas posibles para asumir el control de mi vida.

Si lucho en contra, solamente lo haré más grande

Si lo que me sucede es armónico con lo que más quiero, lo acepto y me siento bien, en balance.

Si no es armónico, lo peor que puedo hacer es luchar en contra, pues solamente estaré atizando el fuego. Me estaré desbalanceando más.

Al discrepar con alguien, si me enojo y doy la pelea, voy a hacer un barrial.

Al sentir miedo de contraer una enfermedad, si lucho en contra de la enfermedad o de ese miedo, solo voy a hacerlo más grande.

Luchar en contra de lo que no quiero, sólo lo hace más grande y me desbalanceo más.

Esto es serio.

Me basta ver lo que ha sucedido con el terrorismo para comprobarlo.

Al sucederme algo indeseable, me surgen pensamientos que se sienten mal

Para recuperar mi balance, tomo uno de los siguientes caminos:

  • Acepto lo sucedido - nada gano con negarlo.
  • Acepto mi responsabilidad - al menos con lo que voy a hacer al respecto.
  • Me aclaro bien adónde preferiría estar.
  • “Dejo ir” eso que me sucedió para seguir adelante con lo que sí quiero en mi vida, o
  • Reformulo mi pensamiento para moverme desde donde estoy ahora hasta donde preferiría estar

Para esto me resultará de gran ayuda la información de la página Control de las emociones.

Por lo tanto, si lo que me sucede no lo siento armónico, puedo dejarlo ir y recuperar mi bienestar.

Si no recupero mi bienestar, es porque estoy encerrad@ en una capa superficial de mi personalidad, desde la cual no tengo el control de mi vida.

Si no logro que se vaya lo que no quiero, en vez de lamentarme, reformulo mi pensamiento hasta encontrar una perspectiva que me permita recuperar mi integridad.

Este es un proceso completamente personal.

Los mapas y las herramientas presentadas en la Ley del Control me ayudarán mucho, pero soy yo quien decido y tengo el poder sobre mis pensamientos.

Me muevo ya para iniciar mi camino.

Parecido a lo que dijo el gran poeta Antonio Machado...

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.

Qué dicha poder escuchar palabras tan inspiradas.

En la quinta entrega de la Ley del Control pongo en práctica las herramientas que hemos repasado, para asumir en mi vida cotidiana el control de mi vida.

Por una vida cada vez más inspirada,

Ronald Esquivel
Instructor de Balance Integral