Los demás esperan que yo…

Si hago algo porque los demás esperan que yo sea de cierta manera y tenga lo que ellos quieren, estaré viviendo mi vida para complacerlos, mientras me pierdo yo.

  • Lo hago por ellos…
  • Si no soy así, no me aceptarán
  • Tengo que tener eso o quedaré por fuera

Si quiero ser el conductor de mi propia vida, en cada momento elegiré aquello que...

  • me construya
  • me alegre y
  • me dé libertad

... aún si los demás quieren otra cosa de mí.

Una amiga de España escribe:

“He tenido depresiones horribles en el pasado que me habían llevado a puntos de autodestrucción total. Esta vez, al empezar a sentirme de nuevo cada vez más hundida, he decidido plantarme y buscar alguna ayuda antes de que fuese demasiado tarde.”

“…pero de momento, sigo centrándome más en el bienestar que me produce que los demás tengan pensamientos positivos sobre mí. Y eso me lleva a la cuestión que quería plantearte.”

“Este sentimiento de bienestar al sentirme querida y aceptada, ¿es parte de mi esencia? Quiero decir, es algo que provoca en mí reacciones y sentimientos positivos. Siento un inmenso placer cada vez que veo que la gente a la que quiero está satisfecha con mi comportamiento o actitud hacia un determinado campo.”

Mis pensamientos

Cuando veo que las personas me aprecian y aceptan, siento rico. Ese “sentir rico” es la respuesta de mi esencia a un pensamiento tal como: “me quieren, están felices conmigo, he logrado darles alegría”. Ese tipo de pensamientos es muy armonioso con mi esencia.

Hasta allí la cosa es maravillosa. Todo el mundo está feliz.

Pero si en algún momento alguna persona me pide que haga algo que me disminuye, me siento mal. Si hago lo que me pide, voy en contra de mi mismo y si no lo hago, la otra persona se incomoda.

En este caso la cosa está mal.

Lo que no es negociable

Lo que nunca debo hacer es ir en contra de mi integridad, de mi bienestar o de mi libertad.

Si hago algo que me disminuye con tal de complacer a los demás, estoy perdiendo el control de mi vida y dándoselo a otros. Los otros estarán felices pues me pongo a su servicio, pero yo me voy perdiendo poco a poco.

Por responsabilidad conmigo mismo, empiezo a elegir qué quiero hacer, cómo quiero ser y qué quiero tener. Elijo cada cosa en función de si me construye, me alegra y me libera.

Si coincide con lo que los demás quieren, fabuloso. Si no coincide, les explico que eso que ellos quieren de mí me disminuye y que por respecto a mí mismo, debo elegir hacer lo que me construye.

Este tema está más desarrollado en el curso gratis de autoestima.

¿Aprecio auténtico o tan sólo interés?

Que yo me construya es algo que aceptarán quienes verdaderamente me aprecian.

Si una persona insiste en que debo hacer algo a pesar de que va en contra de mi integridad, bienestar o libertad, esa persona no me conviene.

Si para esa persona es más importante lo que ella piensa que lo que yo pienso, le respondo lo mismo:

“Estamos igual: para mí es más importante lo que yo pienso que lo que tú piensas. Por respeto a mí mismo, no voy a ir en contra mía para complacerte. Espero que puedas comprender esto.”

Si esa persona es mi padre o madre, mi jefe o una autoridad obligatoria y después de expresar mi posición me veo forzado a aceptar lo que se me pide, lo hago con conciencia de que es por obligación y me digo que llegará el momento en que alcance la libertad que anhelo y merezco y entonces seré dueño de mi vida.

Lo más importante en mi vida

No hay nada más importante que el que yo sea feliz.

Habrá muchos que dirán: “Eso es ser egoísta. Hay que servir a los demás primero.”

La respuesta es que si yo no me construyo primero, lo que puedo dar son tan solo las migajas de un ser deshilachado.

“La caridad empieza por casa.” Debo aprender a amarme para poder amar a los demás.

Cuando yo me integre, me construya y me fortalezca, podré dar muchísimo y seré de un enorme valor.

Con eso no digo que voy a maltratar o malquerer a los demás. Lo que digo es que en este proceso, habrá momentos en que deba elegir entre complacer a otros o elevar mi autoestima y fortalecerme.

En esos casos no tendré ninguna duda: sigo la dirección de mi integridad, mi alegría y mi libertad.

Por mi fortalecimiento,

Ronald Esquivel
Instructor de Balance Integral


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