¿Qué es la personalidad?

La personalidad está constituida por mi mente, mis emociones y mi cuerpo físico.

A través de mi crecimiento he aprendido una serie de conductas mentales, emocionales y físicas que me han llevado a ser la persona que soy.

Veremos más adelante, cómo esas conductas aprendidas pueden ser justamente las que me separan de mi esencia, de quien verdaderamente soy.

En psicología se entiende personalidad como una serie de patrones emocionales, mentales y de comportamiento característicos de un individuo.

Mi personalidad se ha formado a partir de ejemplos e instrucciones de otras personas y experiencias de todo tipo en el transcurso de mi crecimiento.

Por supuesto que yo puedo elegir seguir o no seguir una instrucción. Si no pudiera elegir sería negar la autodeterminación, mi libre albedrío.

Si alguien me trata mal, yo puedo elegir resentirme y empequeñecerme o puedo elegir resolver el asunto con altura y amor, sea hablándole asertivamente a la persona o siguiendo constructivamente mi camino.

Pero ¿cuántas veces elijo resolver asuntos con altura?

Conozco muy pocas personas que lograron construir una vida llena de amor como respuesta a una infancia difícil.

Conozco muy pocas personas que ante la adversidad responden con optimismo y esperanza.

Normalmente respondo con positividad a la positividad – eso es fácil. Pero normalmente también, respondo con negatividad a la negatividad.

Eso lo he aprendido y es parte de mi personalidad.

Aprendí cosas muy buenas, pero también aprendí que:

  • debo ser de esta manera y no de tal otra
  • hay cosas que debo hacer y otras que no
  • puedo tener ciertas cosas y ni soñar sobre otras

En muchos casos sigo repitiendo patrones aprendidos que no corresponden a quien en el fondo soy.

Aunque lo niegue de la boca para afuera, sigo pensando y actuando como lo aprendí de mis padres y de autoridades de diferente tipo.

Incluso cuando me rebelo estoy actuando al ritmo de lo aprendido, sólo que esta vez lo hago no de acuerdo a lo aprendido, sino en contra.

  • “¿Entonces quieres decir que yo soy como un mono que repite todo lo que aprende de quién sabe quién?”
  • “¿Crees que no tengo criterio para decidir cómo conducir mi vida?”
  • “Pienso que me disminuyes con esas acusaciones tan serias.”

No te estoy acusando sino sólo alertando de una situación que nos sucede a todos los humanos. Si estás cómod@ donde estás, pues quédate allí.

Yo sí quiero averiguar si estoy siendo manipulado por mandatos que no elegí de manera consciente. Quiero soltar lo que tenga que soltar mientras eso me haga mejor persona.

A los demás no tengo que explicarles nada, pero ante mí mism@, me desnudo y exploro si en verdad soy un títere de modelos aprendidos.

Lo hago por respeto a mí mism@. Porque si de esta exploración salgo con ganancia, estaré en una condición mucho mejor que como estoy en este momento.

“Está bien, está bien, ya entendí. Pero con toda esa peleadera ya se me olvidó cuál era el punto.”

El punto es…

Mi personalidad es entonces una construcción terrenal, mientras que mi esencia es de la eternidad.

Personalidad es la parte mía que fui creando conforme fui creciendo, con cosas buenas, pero también con temores, limitaciones y frustraciones. Esas características negativas son una carga que me restringe en mi camino hacia la felicidad completa.

  • Cuando estoy alegre soy una persona diferente a cuando siento temor
  • Cuando me enojo soy diferente a cuando me siento capaz
  • Cuando amo soy diferente a cuando juzgo

Mi personalidad tiene diferentes facetas o caras.

Curiosamente, la palabra original en latín persona significa “máscara”.

Las diferentes manifestaciones de mi personalidad son como máscaras que permito que manejen mi vida ante diversas circunstancias.

Es doloroso aceptarlo, pero soy como una marioneta que cambia de cara y comportamiento en función de lo que sucede afuera.

Mis diferentes “yoes”

En mi personalidad, no soy uno sino un montón de “yoes”, cada uno respondiendo de diferente manera a diferentes situaciones y muchas veces en contradicción entre sí.

No interesa tanto cuáles son mis “yoes” sino si quiero seguirles permitiendo que me gobiernen.

“Es cierto, ante mi jefe soy temeroso, pero agresivo con mi familia. ¿Por qué me sucede eso?”

G. I. Gurdjieff explicaba hace más de medio siglo que yo no soy uno, sino un montón de “yoes”.

Cada quien tiene sus “yoes” propios, pero algunos de los más frecuentes y nefastos son:

  • El miedoso
  • El furioso
  • El triste
  • El cobarde
  • El adulador
  • El resentido
  • El calculador
  • El vanidoso
  • El indolente

Es posible que alguno de esos “yoes” sea predominante en mí y otros ni siquiera estén presentes. Pero lo cierto del caso es que tengo varias caras ante diferentes circunstancias.

Si un día digo una grosería y luego me recrimino por haberlo hecho, puedo observar a dos “yoes” en plena acción.

En un momento puedo sentirme triste, en otro siento miedo y después me enojo. Si observo bien, cada actuación de esas es criticada por otros “yoes” que no están de acuerdo con el asunto.

Estos “yoes” pueden ser muy diferentes entre sí y es frecuente que se peleen entre ellos. Empieza entonces una asamblea de reproches interminable y me desgasto y empequeñezco en el proceso.

Gurdjieff explicaba que si quiero ser en verdad libre, antes tengo que conocerme bien.

Reconocer mis “yoes” y esta variabilidad es el primer paso.

No puedo dejar atrás los aspectos negativos de mi personalidad, si no sé cuáles son. Este asunto de mis “yoes” es muy incómodo aceptarlo, pero si no lo acepto entonces todo seguirá igual.

Francamente sería muy ingenuo si no quisiera aceptar que tengo bastantes aspectos negativos en mi personalidad. Eso no es lo difícil.

Donde brinco de rabia es cuando me entero que esos aspectos negativos me dominan, me controlan, están al mando en mi ser.

No soy tan libre como quisiera. Mis actuaciones revelan que a veces pierdo el control de mi vida y hago y digo cosas de las que luego me arrepiento.

Quisiera creer que yo estoy al mando en mi vida, pero me he visto obligado a aceptar que tengo aspectos un poco feos que de pronto saltan y se empoderan de mi cuerpo, mis emociones y mi mente.

Esos “yoes” son como máscaras tan poderosas que cuando me las pongo manejan mi ser total.

Con miedo, mi mente se pone confusa y la piel se me pone de gallina. Con furia mi cuerpo grita y golpea y dice cosas que me meten en aprietos.

Es como que mi ser se convierte en el personaje de esa máscara y ese personaje gobierna mi mente, mi cuerpo y mis emociones.

Gurdjieff le llama a eso identificación: me identifico con el “yo” y todo mi ser está a su disposición.

La identificación es el tema de la siguiente página.

Por mi esencia sobre mi personalidad,

Ronald Esquivel
Instructor de Balance Integral


Regreso de Qué es la Personalidad a la Personalidad y mi Esencia